Aletheia

ALETHEIA (del griego άλήθεια, verdad) somos un grupo de personas convencidas y embarcadas en un proyecto ideológico y espiritual global que, bajo el principio de que el ser humano es esencialmente conciencia singular y solidaria, pretende la superación de las concepciones del mundo fundamentadas en la idea de la radical escisión de la realidad y del extrañamiento entre los seres humanos. Unas concepciones estas últimas que –basadas en la visión individualista del ser humano- pensamos que se encuentran en la base de muchos de los conflictos y contradicciones del mundo tal y como hoy lo conocemos.

Los principios fundamentales que rigen nuestro proyecto pueden resumirse de la siguiente manera:

1. Negación del relativismo. El relativismo, al querer afirmarse como referente universal, afirma a su vez una identidad propia, la cual implica, sin embargo, la destrucción de toda otra identidad. Así, cuando se sentencia que “todo es relativo”, lo que se hace realmente es un intento de destruir toda otra identidad para afirmar la identidad de esa verdad.
 Sin embargo, el mantenimiento a toda costa de una contradicción implica siempre un altísimo coste. Un ejemplo palpable lo tenemos en la misma sociedad en la que vivimos, la cual, para mantener sus contradicciones, especialmente a través del aislamiento de sus partes (individuos atomizados, clases sociales, producción frente a Naturaleza, etc.), necesita destruir sistemáticamente, ya sea recursos naturales, otras identidades (sociales, culturales, personales…) e, incluso, físicamente, seres humanos y sociedades enteras.

2. Afirmación del orden como relación solidaria entre partes, de tal manera que tal orden sea inherente a la identidad de las mismas y, por lo tanto, a su libertad. Sólo es viable un orden en el que los intereses esenciales de cada uno no entren en conflicto con los de los demás, entendiendo por intereses esenciales aquellos que permiten desarrollar la plenitud de nuestra humanidad. En cambio, un orden degradable es aquél que no es inherente a la identidad de las partes, y por tanto produce extrañamiento y destrucción entre ellas.

3. Sin libertad (entendida como plenitud de la singularidad de cada uno) no hay relación solidaria, y sin relación solidaria no hay libertad. Para que exista solidaridad, cada elemento debe alcanzar la plenitud de sí mismo o libertad, la cual, a su vez, no es posible sin la libertad o singularidad de los otros.

4. Singularidad frente a gregarismo e igualdad frente a elitismo. En la singularidad, en tanto que se es uno mismo, el ser humano se hace transparente, y por tanto inocente. La singularidad, o ese ser plenamente sí mismo que hay que conquistar, nos aleja definitivamente del gregarismo, pero nos acerca a la auténtica igualdad. El objetivo es ser único y otro más.

5. Razón y libertad se coimplican. No son antagónicas, puesto que por la razón se conocen los límites donde se pierde la libertad. Nos alejamos de los modelos que consideran la razón exclusivamente como razón tecnológica, científica o razón unilateral negadora de la diversidad. Por el contrario, entendemos la razón como el conocimiento de los límites entre la necesidad y la libertad, lo que la convierte en auténtica salvaguarda de la segunda. Se trata, pues, de una razón humanizada, al servicio de la libertad y, por tanto, conocedora de sus límites con el objetivo de reducirlos allí donde sea posible.

6. La Vida como afirmación de una red solidaria de relaciones en la que la afirmación de cada una implica la afirmación de las otras. Consideramos que formamos parte de un Todo integrado e interrelacionado en el que cada parte es necesaria para el resto.

7. Necesidad de una política y una economía al servicio exclusivo de la Vida tanto humana como natural. La política y la economía deben reorientarse a satisfacer las auténticas necesidades humanas, que implican la potenciación de la singularidad personal y las relaciones solidarias, abandonando, pues, la utilización de los seres humanos como mercancías o elementos intercambiables, así como cualquier consideración elitista de una parte de los mismos.

8. Unificación de lo secular y lo espiritual en una ética universal. Lo espiritual no puede parcelarse o considerarse un asunto únicamente privado. Creemos que forma parte de lo espiritual cualquier práctica que se preocupe de lo humano, debiendo todas ellas cuidar por una unidad solidaria del conjunto que vele por toda su rica diversidad y la singularidad de sus partes.

9. Potenciación de los valores estéticos. La cultura y la belleza deben encontrarse presentes en cualquier quehacer humano. La creatividad forma parte de nuestro ser y la belleza eleva nuestra dignidad y fortalece lo mejor de nosotros mismos.

            Nuestra intención es la de iniciar un diálogo en profundidad en torno a estas cuestiones que ayude a dejar de ver como contradictorios aspectos esenciales del ser humano, como libertad y justicia, individuo y sociedad, fe y razón, culpa e inocencia, etc. Asimismo, establecer una práctica de colaboración entre personas, organizaciones o entidades comprometidas en este proyecto para tratar de plasmarlo prácticamente en nuestros propios proyectos personales y colectivos.